En banca privada,
el futuro son las personas

En banca privada, el futuro son las personas

Por Rafael Romero, Director de Abante Asesores, Málaga   |   Fotografía: Istock

A medida que el cliente adquiere una mayor educación financiera y se vuelve más exigente, el asesor debe aprovechar la oportunidad para afilar sus herramientas y pulir su marca personal.

Si trabajas en la industria de banca privada y asesoramiento financiero, probablemente te harás preguntas sobre el escenario que está llegando y su probable impacto en el empleo.

Los cambios regulatorios, el mayor acceso a la información y la mejora de la educación financiera de los clientes obligan, por un lado, a los profesionales a poseer un perfil más técnico y, por otro, a las entidades, a dedicar más recursos, deteriorando los márgenes.

Los clientes saben y se informan más, valoran mejor y son más exigentes. Ya no es fácil «colocar» productos, aunque se tenga una gran red de tiendas. Ahora los clientes descubren las ineficiencias o sobrecostes que pudieran tener los productos y notan cuando el servicio ofrecido no está a la altura de sus necesidades.

Con probabilidad, la actividad de banca privada y asesoramiento financiero deberá alcanzar estándares más profesionales, poniendo a los clientes verdaderamente en el centro del negocio, en una relación sin conflictos de interés y con una visión a largo plazo.

Todos estos factores plantean un más que probable aumento del asesoramiento independiente y una oportunidad para quienes nos dedicamos a esto de diferenciarnos, sobre todo en la dedicación, seguimiento y desarrollo de las relaciones con los clientes.

Muchas entidades deberán redefinir su estrategia hacia la mejora de la experiencia del cliente y el papel que asume su equipo de asesores para fidelizar a los de mayor valor y diferenciarse en el servicio, más si cabe en el actual entorno digital.

Si trabajas en la industria de banca privada y asesoramiento financiero, probablemente te harás preguntas sobre el escenario que está llegando y su probable impacto en el empleo.

Los cambios regulatorios, el mayor acceso a la información y la mejora de la educación financiera de los clientes obligan, por un lado, a los profesionales a poseer un perfil más técnico y, por otro, a las entidades, a dedicar más recursos, deteriorando los márgenes.

Los clientes saben y se informan más, valoran mejor y son más exigentes. Ya no es fácil «colocar» productos, aunque se tenga una gran red de tiendas. Ahora los clientes descubren las ineficiencias o sobrecostes que pudieran tener los productos y notan cuando el servicio ofrecido no está a la altura de sus necesidades.

Con probabilidad, la actividad de banca privada y asesoramiento financiero deberá alcanzar estándares más profesionales, poniendo a los clientes verdaderamente en el centro del negocio, en una relación sin conflictos de interés y con una visión a largo plazo.

Todos estos factores plantean un más que probable aumento del asesoramiento independiente y una oportunidad para quienes nos dedicamos a esto de diferenciarnos, sobre todo en la dedicación, seguimiento y desarrollo de las relaciones con los clientes.

Muchas entidades deberán redefinir su estrategia hacia la mejora de la experiencia del cliente y el papel que asume su equipo de asesores para fidelizar a los de mayor valor y diferenciarse en el servicio, más si cabe en el actual entorno digital.

El asesor financiero debe convertirse en el verdadero interlocutor de un diálogo con los clientes; tenemos que construir la relación desde el conocimiento de la persona, ayudándoles a tomar mejores decisiones de inversión y manteniendo siempre la coherencia con sus objetivos personales, no los de la entidad.

Los asesores que tengan unas mejoradas capacidades de relación, generando más confianza por sus valores, dedicación y profesionalidad, deberían tener la oportunidad de desarrollar unas largas trayectorias en esta industria.

Las entidades también tendrán que mejorar la experiencia de sus equipos, gestionar sus motivaciones y plantear carreras profesionales y planes de formación y retribución a largo plazo, atrayendo y reteniendo al mejor talento.

Por otro lado, a nivel individual, todos podemos proteger nuestro presente y avanzar en nuestro futuro si gestionamos activamente nuestra marca personal, una herramienta muy poderosa para mejorar la confianza de tu entidad y de los potenciales clientes.

Una gestión activa de nuestra marca personal consiste en entender dónde estás y adónde quieres llegar, decidiendo qué hacer, cómo y cuándo. Significa trabajar todos los días tu credibilidad y reputación, ser auténtico y visible, integrando tus iniciativas personales y profesionales en un modelo coherente y transparente. Significa no ser una marca blanca, fácilmente sustituible.

El actual tsunami en el sector es una fuente de oportunidad para que todos los profesionales y entidades mejoremos. ¿Te lo quieres perder?

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad única y exclusiva del autor, y no representan necesariamente la posición de la entidad en la que presta servicios.

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Número 12
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