La evolución de la industria financiera un año después
de MiFID II

La evolución de la industria financiera un año después
de Mifid II

Por Andrea Carreras-Candi, Directora, EFPA España   |   Fotografía: Istock

Este último año hemos visto un verdadero cambio al modelo de asesoramiento financiero, principalmente organización más clara, transparencia y protección para el usuario.

La directiva comunitaria MiFID II entró en vigor hace más de un año, pese a los numerosos momentos de incertidumbre que se vivieron en torno a este tema. Actualmente, ya podemos concretar algunos de los efectos que se han hecho visibles en el sector desde una perspectiva más amplia. En primer lugar, es importante aclarar que esta normativa era necesaria para la industria. Antes de MiFID II existían esquemas de asesoramiento “encubierto” y ciertos problemas debido a la escasez de “transparencia”. Ahora, todo esto se ha solucionado y ha pasado a ordenarse de una forma más clara. Una encuesta presentada hace unos meses por EFPA España ponía de manifiesto que el 86% de los asesores financieros consideraba que las modificaciones normativas suponían un verdadero cambio en el modelo de asesoramiento financiero, pero más de la mitad pensaba que, al menos en corto plazo, las retrocesiones no se acabarán eliminando totalmente en España.

MiFID II es una normativa altamente invasiva y compleja que está provocando una incorporación lenta dentro de la industria. Podemos ser optimistas, ya que se va transitando lentamente desde un modelo de pura distribución hacia otro de incipiente asesoramiento, aunque sea todavía muy básico, incluso en el área de banca comercial. Es muy probable que las entidades medianas, pequeñas y las independientes cuenten con una ligera ventaja, al poder dedicar más tiempo al cliente y ofrecerle soluciones más a la medida de sus necesidades, valores clave para posibilitar el cobro explícito. En todo caso, el modelo implantado sigue permitiendo a las grandes entidades no tener que renunciar totalmente al uso de producto propio.

 

 

La directiva comunitaria MiFID II entró en vigor hace más de un año, pese a los numerosos momentos de incertidumbre que se vivieron en torno a este tema. Actualmente, ya podemos concretar algunos de los efectos que se han hecho visibles en el sector desde una perspectiva más amplia. En primer lugar, es importante aclarar que esta normativa era necesaria para la industria. Antes de MiFID II existían esquemas de asesoramiento “encubierto” y ciertos problemas debido a la escasez de “transparencia”. Ahora, todo esto se ha solucionado y ha pasado a ordenarse de una forma más clara. Una encuesta presentada hace unos meses por EFPA España ponía de manifiesto que el 86% de los asesores financieros consideraba que las modificaciones normativas suponían un verdadero cambio en el modelo de asesoramiento financiero, pero más de la mitad pensaba que, al menos en corto plazo, las retrocesiones no se acabarán eliminando totalmente en España.

MiFID II es una normativa altamente invasiva y compleja que está provocando una incorporación lenta dentro de la industria. Podemos ser optimistas, ya que se va transitando lentamente desde un modelo de pura distribución hacia otro de incipiente asesoramiento, aunque sea todavía muy básico, incluso en el área de banca comercial. Es muy probable que las entidades medianas, pequeñas y las independientes cuenten con una ligera ventaja, al poder dedicar más tiempo al cliente y ofrecerle soluciones más a la medida de sus necesidades, valores clave para posibilitar el cobro explícito. En todo caso, el modelo implantado sigue permitiendo a las grandes entidades no tener que renunciar totalmente al uso de producto propio.

“MiFID II también está obligando a las entidades a realizar una muy elevada inversión en tecnología, las herramientas digitales pueden y deben ser un excelente complemento para la tarea del asesor financiero”

La encuesta que comentábamos anteriormente también preguntaba si los clientes estaban dispuestos a pagar “explícitamente” por la prestación del servicio. Seis de cada diez asesores aseguraban que los clientes sí pagarán cuando se pueda hacer palpable el valor añadido que aporta el asesoramiento. Por lo tanto, nos encontramos con un nuevo objetivo, demostrar al cliente que existe un valor añadido por la prestación de ese servicio, especialmente en un escenario de mercados convulsos como el actual. Tenemos que seguir educando al cliente porque las finanzas forman parte de nuestro día a día y, una buena educación y planificación financiera nos ayudará a darnos cuenta de que esos factores son importantes y no se centren tan sólo en los costes del servicio.

Por otro lado, MiFID II también está obligando a las entidades a realizar una muy elevada inversión en tecnología, las herramientas digitales pueden y deben ser un excelente complemento para la tarea del asesor financiero, sin olvidarnos de que no se podrá nunca sustituir su figura. Sin duda, una parte importante de la responsabilidad sobre la percepción que se tiene del sector recae sobre los propios asesores financieros, que tenemos que ser los primeros en apreciar el valor del buen asesoramiento y, más importante aún, saber transmitir sus beneficios al resto de la sociedad.

Para finalizar, no quiero dejar de destacar que los objetivos de la nueva regulación MiFID II se mantienen inalterables en la protección al usuario y la absoluta transparencia en el servicio. Un año después del comienzo de esta andadura podemos señalar que MiFID II ha hecho que la industria progrese de forma positiva. Sin embargo, tenemos que continuar en la línea correcta para mejorar las actuales exigencias de conocimiento y competencia y tratar de elevar al máximo el grado de la práctica profesional y la ética de los asesores del sector.

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Número 12
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