Deuda como mal menor

para mantener el estado de bienestar

Deuda como mal menor

para mantener el estado de bienestar

Por Alberto Espelosín, Gestor, Abante Pangea   |  Fotografía: Istock

El nivel de deuda es una preocupante limitación al crecimiento, pero sigue siendo sostenible y hasta ampliable para permitirnos no caer en recesión.

Si algo ya sabemos a estas alturas del ciclo económico es que el ansiado proceso de normalización de tipos se ha realizado con la boca pequeña en Estados Unidos y, en el caso de Europa, esa normalización ni está, ni se espera. La guerra comercial, el Brexit y el menor crecimiento tendencial de China son todo excusas para justificar esta vuelta a las políticas no convencionales. Pero la verdad que subyace tras estas políticas viene dada más por los niveles de deuda en los que el mundo está sumido para aguantar un estado del bienestar que no se puede pagar con los factores de producción de Occidente.

La deuda es la amputación de la mejora de la productividad y, si tenemos en cuenta que ni crece la población ni crece la productividad, el cóctel para que el PIB crezca a menores ritmos los próximos años está servido. Además, se produce un efecto curioso en términos macro, y es que las condiciones monetarias para tomar deuda por parte del sector privado son las mejores de la historia, pero el sector privado no quiere tomar crédito y es el estado el que sigue acumulando cantidades ingentes de deuda para compensar el ahorro del sector privado.

La deuda es un freno irrefutable al crecimiento y aquí nos tenemos que plantear la eterna pregunta de la sostenibilidad de este modelo de crecimiento basado en las subvenciones monetarias de los bancos centrales con sus fiat currencies (dinero fiduciario) en sistemas democráticos estables.

Es en este punto cuando debemos dar el salto hacia las nuevas políticas monetarias y pensar que el 100% de deuda pública es muy sostenible e incluso ampliable hacia los niveles de Japón, por encima del 250%. O, por otro lado, podemos preocuparnos, ya que esto puede ser el inicio del declive de los sistemas monetarios tal y como los conocemos, en cuyo caso, sólo los bienes raíces y el oro servirían como paraguas bajo el que protegerse.

Si algo ya sabemos a estas alturas del ciclo económico es que el ansiado proceso de normalización de tipos se ha realizado con la boca pequeña en Estados Unidos y, en el caso de Europa, esa normalización ni está, ni se espera. La guerra comercial, el Brexit y el menor crecimiento tendencial de China son todo excusas para justificar esta vuelta a las políticas no convencionales. Pero la verdad que subyace tras estas políticas viene dada más por los niveles de deuda en los que el mundo está sumido para aguantar un estado del bienestar que no se puede pagar con los factores de producción de Occidente.

La deuda es la amputación de la mejora de la productividad y, si tenemos en cuenta que ni crece la población ni crece la productividad, el cóctel para que el PIB crezca a menores ritmos los próximos años está servido. Además, se produce un efecto curioso en términos macro, y es que las condiciones monetarias para tomar deuda por parte del sector privado son las mejores de la historia, pero el sector privado no quiere tomar crédito y es el Estado el que sigue acumulando cantidades ingentes de deuda para compensar el ahorro del sector privado.

La deuda es un freno irrefutable al crecimiento y aquí nos tenemos que plantear la eterna pregunta de la sostenibilidad de este modelo de crecimiento basado en las subvenciones monetarias de los bancos centrales con sus fiat currencies (dinero fiduciario) en sistemas democráticos estables.

Es en este punto cuando debemos dar el salto hacia las nuevas políticas monetarias y pensar que el 100% de deuda pública es muy sostenible e incluso ampliable hacia los niveles de Japón, por encima del 250%. O, por otro lado, podemos preocuparnos, ya que esto puede ser el inicio del declive de los sistemas monetarios tal y como los conocemos, en cuyo caso, sólo los bienes raíces y el oro servirían como paraguas bajo el que protegerse.

“La deuda es la amputación de la mejora de la productividad y, si tenemos en cuenta que ni crece la población ni crece la productividad, el cóctel para que el PIB crezca a menores ritmos los próximos años está servido”

En un entorno de globalización deflacionario en términos de salarios, a pesar de que las tasas de paro estén en mínimos por el efecto de la tasa de participación en el trabajo, mantener los tipos en niveles de cero va a ser lo normal, y quizás los próximos cinco años sigan en esta línea, siempre que mantengamos las democracias estables. El escenario de tipos cero por un largo periodo de tiempo, con un solo comprador ineficiente de una deuda en tipos negativo – pero necesario y estabilizador para no entrar en recesión – actuará como bálsamo ante los auténticos retos que la sociedad afronta en los próximos años.

Estos retos son:

  1. El envejecimiento poblacional en una sociedad que no tiene ahorrado dinero suficiente para una jubilación más larga de lo esperado y en el que los sistemas de seguridad social en occidente quizás no puedan satisfacer de manera completa.
  2. La digitalización de la economía y robótica, que genera presión en los salarios y en los puestos de trabajo susceptibles de ser sustituidos por una máquina.
  3. Los salarios relativos más competitivos en los países emergentes, que presiona a los salarios occidentales como consecuencia de las amplias devaluaciones de los bancos centrales emergentes, cuales tienen que realizar estos movimientos debido a la falta de confianza en sus divisas y la no existencia de democracias estables.
  4. Descontento social del factor trabajo, que se manifiesta en la aparición de partidos radicales que prometen al trabajador una solución a su particular ‘quilombo’, en el que está inmerso.

No es complicado sacar como conclusión a estas reflexiones que, como usuarios de este Estado de bienestar, lo que debemos hacer es mantener estable nuestra democracia basada en fiat currency y asimilar que la deuda nos limitará el crecimiento, pero nos permitirá no caer en recesión, a pesar de que esto sea un sistema subvencionado.

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Número 12
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