Regulación,
estándares,
formación

Regulación, estándares, formación

Por Santiago Satrústegui, Presidente de EFPA España   |   Fotografía: Istock

El sector del asesoramiento financiero tiene un brillante
porvenir por delante si apuesta por un alto estándar de formación de profesionales y de calidad en el trato con los clientes

El proceso de implementación de cambios regulatorios que el sector financiero ha vivido en los últimos años ha causado una progresiva pero auténtica revolución en la industria de la gestión de activos, así como un cambio definitivo en el modo en que desempeñan su trabajo las entidades que proveen servicios de asesoramiento financiero. La entrada en vigor de MiFID II, en marcha desde el mes de enero de 2018, que exigía mayor transparencia a las entidades y formación e independencia a los profesionales de la industria, sin duda supuso un punto de inflexión para mejorar todos los procesos implicados a la hora de realizar un servicio de asesoramiento.

En todo este proceso, el reto principal pasaba —y tiene que seguir pasando— por no perder el enfoque hacia el objetivo principal, que no puede ser otro que mantener al cliente y sus intereses en el centro de la labor que realiza el profesional. No cabe duda de que el asesoramiento de calidad sigue siendo el mejor catalizador para lograr los objetivos financieros de cada cliente, en todas las circunstancias del mercado.

Lo que está claro es que, antes de MIFID II, en muchas ocasiones se prestaba un asesoramiento encubierto y existían modelos de muy diversa naturaleza que la nueva normativa ha venido a ordenar de forma mucho más clara. Sin duda hemos avanzando en la protección al cliente, la máxima transparencia en el servicio y la correcta gestión de los posibles conflictos de interés, lo que está permitiendo mejorar la calidad del servicio y la reputación global de la industria financiera.

En todo este proceso, el gran cambio normativo se está produciendo en el cliente retail, dado que en el ámbito de la banca privada ya se venía avanzando hacia un mayor asesoramiento personalizado y se contaba con más arquitectura abierta. En este punto, las entidades pequeñas y las medianas cuentan con algo de ventaja, ya que pueden dedicar más tiempo y ser más flexibles con los clientes, elementos fundamentales para facilitar el pago explícito por el servicio prestado. Por eso tenemos que incidir en la importancia de cuidar al cliente, ofreciendo un servicio completamente adaptado a sus necesidades, horizonte temporal y perfil de riesgo.

El proceso de implementación de cambios regulatorios que el sector financiero ha vivido en los últimos años ha causado una progresiva pero auténtica revolución en la industria de la gestión de activos, así como un cambio definitivo en el modo en que desempeñan su trabajo las entidades que proveen servicios de asesoramiento financiero. La entrada en vigor de MiFID II, en marcha desde el mes de enero de 2018, que exigía mayor transparencia a las entidades y formación e independencia a los profesionales de la industria, sin duda supuso un punto de inflexión para mejorar todos los procesos implicados a la hora de realizar un servicio de asesoramiento.

En todo este proceso, el reto principal pasaba —y tiene que seguir pasando— por no perder el enfoque hacia el objetivo principal, que no puede ser otro que mantener al cliente y sus intereses en el centro de la labor que realiza el profesional. No cabe duda de que el asesoramiento de calidad sigue siendo el mejor catalizador para lograr los objetivos financieros de cada cliente, en todas las circunstancias del mercado.

Lo que está claro es que, antes de MIFID II, en muchas ocasiones se prestaba un asesoramiento encubierto y existían modelos de muy diversa naturaleza que la nueva normativa ha venido a ordenar de forma mucho más clara. Sin duda hemos avanzando en la protección al cliente, la máxima transparencia en el servicio y la correcta gestión de los posibles conflictos de interés, lo que está permitiendo mejorar la calidad del servicio y la reputación global de la industria financiera.

En todo este proceso, el gran cambio normativo se está produciendo en el cliente retail, dado que en el ámbito de la banca privada ya se venía avanzando hacia un mayor asesoramiento personalizado y se contaba con más arquitectura abierta. En este punto, las entidades pequeñas y las medianas cuentan con algo de ventaja, ya que pueden dedicar más tiempo y ser más flexibles con los clientes, elementos fundamentales para facilitar el pago explícito por el servicio prestado. Por eso tenemos que incidir en la importancia de cuidar al cliente, ofreciendo un servicio completamente adaptado a sus necesidades, horizonte temporal y perfil de riesgo.

«No cabe duda de que el asesoramiento de calidad sigue siendo el mejor catalizador para lograr los objetivos financieros de cada cliente, en todas las circunstancias del mercado»

La formación es otro de los elementos que la profesión debe seguir reivindicando en los próximos años. El sector debe tender hacia una mayor y mejor formación certificada. Precisamente, uno de los grandes retos de las entidades en los últimos tiempos, al abrigo de los cambios normativos, ha sido proporcionar la mejor formación a sus profesionales, especialmente en las grandes redes, así como implantar herramientas tecnológicas que faciliten el perfilado y, en general, la mejora de los estándares de cumplimiento normativo. Tras los escándalos del pasado, era necesario recuperar la credibilidad y reputación perdidas. No obstante, una gran parte de la industria ­—con el empuje de algunas entidades y la responsabilidad de una parte de los profesionales—, ya estaban realizando un ejercicio de autorregulación años atrás para optimizar el estándar de calidad en el servicio, actualizando sus conocimientos, una tarea fundamental en un mundo expuesto a continuos cambios y al surgimiento constante de nuevos productos.

Una buena formación a los asesores se traducirá en resultados positivos a corto y medio plazo. A más formación, muchas más posibilidades de obtener mejores efectos para que a su vez el cliente tenga una mayor sensación de tranquilidad incluso en los peores momentos del mercado.

En el futuro más inmediato, otro de los grandes retos pasa por valorar el servicio de asesoramiento, demostrando al cliente el valor del servicio que recibe, especialmente en un escenario de mercados adversos como el que afrontamos en la recta final del año pasado.

La educación financiera es otro de los grandes retos que el sector del asesoramiento debe seguir considerando prioritario. Aquí también hemos avanzado mucho en los últimos años, gracias a la involucración del ámbito privado y el público. Esto es digno de elogio, pero queda mucho camino por recorrer y el inversor debe comprender que el asesoramiento de calidad resulta fundamental para su futuro. Aquí, la labor del profesional será primordial.

El futuro del asesoramiento es muy prometedor: los cambios regulatorios, la mejora en los estándares de calidad y una mayor formación han permitido situar al sector en un punto óptimo para afrontar los desafíos a los que se enfrentará la industria en los próximos años.

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Número 12
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