Cobrar al
ahorro

Cobrar al ahorro

Por Carlos de Fuenmayor, Especialista en finanzas   |   Fotografía: Istock

Con los bajos tipos de interés actuales, las entidades bancarias se plantean cobrar a sus clientes por los ahorros que tienen aparcados en sus cuentas

Con la excusa de las sucesivas bajadas de tipos de interés y el pago por parte de las entidades financieras de un 0,4% al Banco Central Europeo —que subirá al 0,5% este mes de septiembre— por depositar su dinero en este organismo, el debate sobre empezar a cobrar a los particulares por los depósitos está sobre la mesa.

La rebaja adicional de los tipos de interés que prepara el BCE para afrontar la desaceleración económica traerá consecuencias. En el caso español, las entidades financieras ya cobran por los depósitos de otros bancos y de empresas, sobre fondos de inversión, gestoras y aseguradoras, y van a extender esta penalización a otras empresas medianas y pequeñas. No por sus cuentas operativas, con las que realizan su actividad empresarial ordinaria, sino por los excesos de tesorería que tienen aparcados en los bancos y que no son rentables para estos.

El salto mortal que significa extender esta medida a los particulares ya lo han puesto sobre la mesa diversas entidades nacionales a modo de aviso para navegantes, como un globo sonda preventivo que evalúe la «popularidad» de una medida tan chocante. No obstante, en países como Alemania, Bélgica o Dinamarca, el cobro a clientes privados por depositar su dinero ha dejado ya de ser un tabú y se aplica con aparente normalidad.

Aunque en el mundo de la banca al revés los intereses hayan pasado de positivo a negativo con absoluta naturalidad, se esté pagando a los hipotecados por el dinero que se les prestó y comprar deuda no devengue intereses positivos, este «más difícil todavía» que supone instaurar el cobro por depositar caudales se me antoja complicado, salvo que la pirueta se concierte de manera general.

Con la excusa de las sucesivas bajadas de tipos de interés y el pago por parte de las entidades financieras de un 0,4% al Banco Central Europeo —que subirá al 0,5% este mes de septiembre— por depositar su dinero en este organismo, el debate sobre empezar a cobrar a los particulares por los depósitos está sobre la mesa.

La rebaja adicional de los tipos de interés que prepara el BCE para afrontar la desaceleración económica traerá consecuencias. En el caso español, las entidades financieras ya cobran por los depósitos de otros bancos y de empresas, sobre fondos de inversión, gestoras y aseguradoras, y van a extender esta penalización a otras empresas medianas y pequeñas. No por sus cuentas operativas, con las que realizan su actividad empresarial ordinaria, sino por los excesos de tesorería que tienen aparcados en los bancos y que no son rentables para estos.

El salto mortal que significa extender esta medida a los particulares ya lo han puesto sobre la mesa diversas entidades nacionales a modo de aviso para navegantes, como un globo sonda preventivo que evalúe la «popularidad» de una medida tan chocante. No obstante, en países como Alemania, Bélgica o Dinamarca, el cobro a clientes privados por depositar su dinero ha dejado ya de ser un tabú y se aplica con aparente normalidad.

Aunque en el mundo de la banca al revés los intereses hayan pasado de positivo a negativo con absoluta naturalidad, se esté pagando a los hipotecados por el dinero que se les prestó y comprar deuda no devengue intereses positivos, este «más difícil todavía» que supone instaurar el cobro por depositar caudales se me antoja complicado, salvo que la pirueta se concierte de manera general.

«Cobrar a los ahorradores por depositar caudales sería un salto mortal que se me antoja complicado, salvo que la pirueta se concierte de manera general»

Cobrar a los ahorradores son palabras mayores: un gran salto para la banca, pero el enésimo bofetón para unos clientes que aún están por olvidar el doloroso estruendo de las pesadas cadenas reputacionales (preferentes, claúsulas suelo, deuda subordinada, etc.) que aún arrastra el sector financiero.

Las consecuencias de cobrar a los particulares por sus depósitos pueden ser muy variopintas. Las familias, a diferencia de las empresas, tienen más facilidad a la hora de retirar el dinero de los bancos y guardarlo bajo el colchón. A pesar de ser esta una solución tremebunda y del todo desaconsejada­, los particulares podrían acudir a ella a falta de mejores alternativas, lo que podría desatar una guerra por los clientes entre las entidades financieras que les impongan costes y las que no.

Un trasvase de los depósitos hacia cuentas corrientes sin gastos —aunque no remuneradas— se produciría a velocidad de tsunami indonesio. No así hacia fondos de inversión o renta variable, pues la situación de los mercados y la incertidumbre económica no están para aventuras desnortadas. Menos aún como destino para capitales que dormían el sueño de los justos en sus confortables depósitos.

Y como a río revuelto, ganancia de pescadores, esa situación, de darse, representaría un enorme filón para la multitud de iniciativas fintech que conviven con los bancos tradicionales, si estos persistiesen en hacer las cosas al revés.

Sea como sea que acabe esta historia, en caso de que finalmente no se cobre a los ahorradores, la banca gana siempre y se resiste con uñas y dientes a que se le caigan los beneficios, por lo que será inevitable la aplicación de comisiones más elevadas y de diferenciales mayores en lo que se refiere al crédito para compensar el estrechamiento de márgenes.

Malas noticias para los ahorradores, pues van a salir perdiendo gane el rojo o gane el negro.

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Número 12
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