La inversión en empresas familiares en tiempos de incertidumbre

La inversión en empresas familiares en tiempos de incertidumbre

Por Javier Suescun, gestor de fondos de Credit Suisse Gestión SGIIC, SA  |  Fotografía: Istock

Existen muy buenas razones para invertir en compañías familiares y casi todas tienen que ver con su visión de futuro

Vivimos tiempos convulsos en los mercados financieros y en la sociedad en general. Alternamos noticias sobre tweets relacionados con la guerra comercial entre EEUU y China con noticias sobre el interminable Brexit, la formación de gobiernos en España e Italia y las manifestaciones en Hong Kong.

En este complejo entorno, con tanto “ruido” a corto plazo e incertidumbre, nosotros creemos en las bondades de invertir en compañías familiares. Son varios los factores que nos atraen a ellas. El primero y más evidente es la alineación de intereses: el hecho de que las familias tengan gran parte de su riqueza en acciones de la propia empresa minimiza el problema de agencia y facilita que los intereses de la gestión de la compañía estén alineados con los de los accionistas.

El segundo factor, y quizás para nosotros el más importante en un momento como el actual, es la visión a largo plazo: las compañías familiares no toman decisiones de gestión pensando en los resultados del siguiente trimestre, ni siquiera en los del próximo año, sino en la siguiente generación. Este aspecto, que para determinados inversores es una razón para no invertir en este tipo de compañías, para nosotros resulta vital porque además tiene algunas implicaciones muy relevantes. Por ejemplo, gracias a esa visión a largo plazo, las compañías familiares tienden a invertir más en I+D y, en definitiva, reinvierten más recursos en la compañía que las no familiares.

Esta diferencia de filosofía de gestión se traduce generalmente en un mejor comportamiento bursátil en el largo plazo. Credit Suisse, que lleva muchos años analizando este tipo de empresas, ha realizado estudios y ha creado un índice de empresas familiares (CS Family 1000 Index) que lo demuestra:

Vivimos tiempos convulsos en los mercados financieros y en la sociedad en general. Alternamos noticias sobre tweets relacionados con la guerra comercial entre EEUU y China con noticias sobre el interminable Brexit, la formación de gobiernos en España e Italia y las manifestaciones en Hong Kong.

En este complejo entorno, con tanto “ruido” a corto plazo e incertidumbre, nosotros creemos en las bondades de invertir en compañías familiares. Son varios los factores que nos atraen a ellas. El primero y más evidente es la alineación de intereses: el hecho de que las familias tengan gran parte de su riqueza en acciones de la propia empresa minimiza el problema de agencia y facilita que los intereses de la gestión de la compañía estén alineados con los de los accionistas.

El segundo factor, y quizás para nosotros el más importante en un momento como el actual, es la visión a largo plazo: las compañías familiares no toman decisiones de gestión pensando en los resultados del siguiente trimestre, ni siquiera en los del próximo año, sino en la siguiente generación. Este aspecto, que para determinados inversores es una razón para no invertir en este tipo de compañías, para nosotros resulta vital porque además tiene algunas implicaciones muy relevantes. Por ejemplo, gracias a esa visión a largo plazo, las compañías familiares tienden a invertir más en I+D y, en definitiva, reinvierten más recursos en la compañía que las no familiares.

Esta diferencia de filosofía de gestión se traduce generalmente en un mejor comportamiento bursátil en el largo plazo. Credit Suisse, que lleva muchos años analizando este tipo de empresas, ha realizado estudios y ha creado un índice de empresas familiares (CS Family 1000 Index) que lo demuestra:

Vivimos una época en la que prima el cortoplacismo, tanto entre las empresas como entre los inversores. Son demasiado habituales los cambios de equipo directivo, con planes estratégicos de corto recorrido y generosamente remunerados, en los que se toman decisiones para cumplir con ese plan sin prestar demasiada atención a las implicaciones de dichas decisiones en la estrategia de la compañía a largo plazo.

Reinvirtiendo más en el negocio y con inversiones superiores en I+D, las compañías familiares demuestran que no les importa sacrificar parte del beneficio actual en favor del crecimiento futuro de la compañía. Esto es justo lo contrario de lo que propone una parte importante de los planes estratégicos de corto recorrido de muchas empresas: maximizar el beneficio a corto plazo, probablemente en detrimento del crecimiento futuro de la empresa.

Un buen ejemplo en este sentido ha sido lo que ha ocurrido en el sector de consumo no cíclico en los últimos años. Tras una serie de fusiones, se comenzó a extender en el sector una tendencia a mejorar los márgenes de manera agresiva, así como a realizar operaciones corporativas para incrementar el número de marcas y ampliar la gama de productos. Con los años se ha demostrado que esta mejora de márgenes agresiva ha ido en detrimento de la inversión en publicidad, fuerza de ventas e innovación de producto, lo que ha provocado que a posteriori gran parte del sector tenga problemas para aumentar sus ventas en un entorno en el que la competencia de las marcas blancas es feroz. Después de aquello, ahora la tendencia es la opuesta: las compañías están «sacrificando» margen para volver a invertir en innovación de producto, publicidad, etc., con el objetivo de revitalizar las ventas.

«Reinvirtiendo más en el negocio y con inversiones superiores en I+D, las compañías familiares demuestran que no les importa sacrificar parte del beneficio actual en favor del crecimiento futuro de la compañía»

En su carta anual a inversores de 1989, Warren Buffet acuñó el concepto de «imperativo institucional» (institutional imperative) para describir cómo las compañías –o sus equipos directivos– tienden a copiar las decisiones estratégicas de sus competidores o comparables, sean adquisiciones, apertura de nuevas líneas de negocio, etc., sin prestar mucha atención a si de verdad tienen sentido. Pues bien, en el sector de consumo no cíclico ha habido bastante imperativo institucional, porque muchas empresas se han imitado unas a otras en la estrategia de reducciones agresivas de costes y operaciones corporativas.

Entre las compañías del sector que no cayeron en ese imperativo institucional encontrarán unas cuantas compañías familiares, un ejemplo en tiempo real de las bondades de tener visión a largo plazo y no dejarse influir por las modas o tendencias cortoplacistas. Esas compañías familiares no sólo no experimentaron problemas de crecimiento de ventas, sino que además son las que más han crecido.

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Número 12
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